domingo, mayo 06, 2007

Clase magistral de Periodismo Deportivo en la Universidad de Santiago
El Caudillo “viejo crack” de las comunicaciones y del reporteo deportivo
El viernes veinte de abril llegó hasta nuestra querida Escuela de Periodismo la visita de uno de los personajes más carismáticos que me ha tocado ver y oír. Estoy hablando del destacado y experimentado periodista Luis Urrutia Onell.

De una postura sencilla, y de apariencia cancina y desaliñada, don Luis se integró a la cátedra que dicta Marco Sotomayor sobre el periodismo deportivo, tema de otra posible crónica.

De antemano, Sotomayor informó a la clase que esa mañana tendríamos un destacado invitado y que era una persona que el respetaba mucho dentro del mundillo del periodismo de deportes. Por lo tanto, mi primera impresión fue de “ha de ser Bonvallet” ya que le guste o no, Sotomayor se hizo medialmente conocido por el exitoso programa del canal 4 “La Red” durante la época en que la selección jugaba partidos por las clasificatorias del Mundial de Francia 98, animando junto al autodenominado “Gurú”. Sin duda, un fenómeno televisivo y mediático que levantó a ambas figuras, Sotomayor y Bonvallet, como la “nueva raza” del periodismo de deportes con tintes de frontalidad y decisión, seduciendo con su estilo a las nuevas generaciones, entre las que me cuento. Conceptos imitados de Argentina, pero muy bien recibidos durante la triste época de Milton Millas, Néstor Isella, Tito Fouillioux y sus amigos.

Pero volviendo al salón de clases, Sotomayor hace el comentario de lo malo del café que se vende en la universidad, a lo que adhiero, y en ese momento hace su entrada don Luis. Evidentemente este “viejo Crack” de las comunicaciones posee un acervo cultural importante que queda de manifiesto en la forma como se desenvuelve frente a los aspirantes a periodistas entre los que me cuento. De primera ambos parten por un café, comenzó el primer round.

-Dos temas que apasionan para Urrutia-, señala Sotomayor. -Martín Vargas y “El Pelao” Nelson Bonifacio Acosta-. Fue entonces cuando mi nivel de atención superó la somnolencia que no mató el café de la mañana y desaté mis sentidos para escuchar a aquella antigua eminencia. Entonces Sotomayor recalcó que la idea era que hiciéramos una especie de conferencia de prensa donde los estudiantes preguntáramos a gran velocidad para exigir un poco a don Luis, lo que no sucedió, pues don Luis mostró algunas de sus capacidades para contar historias y en tan solo unos minutos escuchándolo, se volvió uno de los ejemplos más notables (para un estudiante de periodismo) que me ha tocado escuchar en estos cinco años de universidad.

Todos estábamos absortos en un momento casi mágico. Puede resultar un poco exagerado y probablemente no esté escribiendo lo que Sotomayor pidió, pero creo que esta historia también es digna de ser contada, sobretodo para alguien que no estuvo presente y que se perdió una gran clase magistral de periodismo deportivo.

Los comentarios de don Luis fueron sólidos y eso mantuvo a los jóvenes aspirantes a periodistas en un silencio casi absoluto. Absortos en la historia sobre el por qué de Martin Vargas. El por qué es considerado un héroe. Fue entonces cuando don Luis arrebató un plumón de color verde de las manos de Sotomayor y escribió con una caligrafía digna de un experimentado médico de cabecera, la palabra PERDEDOR.

La sorpresa de la asistencia de aquella mañana se manifestó sólo como una carcajada que dejaba notar atisbos de nerviosismo. Es evidente que algo así sucedería si junto al concepto IVAN ZAMORANO alguien pusiera las palabras MALO PARA LA PELOTA, aunque en realidad Zamorano se destacó por su capacidad de sobreponerse a lo adverso y no por su habilidad con el balón.

Frente a este extraño nerviosismo de los estudiantes, don Luis no se demoró en retomar el control de la situación comenzando a explicar el por qué del fracaso de Vargas y también el por qué del cariño que el público demuestra cada vez que se menciona aquel añejo “Pega Martín, Pega”. La explicación destaca por la simpleza y la correcta utilización del denominado “sentido común”. –Martín Vagas disputó cuatro veces el título mundial de boxeo, y las cuatro veces perdió-.
¿Qué se puede decir frente a eso? Es como buscar una imagen en que Zamorano dominara el balón más de diez veces. La argumentación de don Luis es igual de clara y explicita como las derrotas de Martín Vargas.

Posteriormente se refiere a Nelson Acosta y la serie de similitudes que tiene con Martín Vargas, como la relación inversa que existe entre las posibilidades y las expectativas de ambos personajes. En la medida que aumentan las posibilidades disminuyen las expectativas, un claro ejemplo de la personalidad predecible de Acosta. Esto no sería un problema si no se reflejara en los equipos de Acosta que presentan un fútbol igual de predecible que la personalidad del calvo DT.

La clase se volvió un monólogo de Luis Urrutia Onell, pero se agradece la capacidad de entregar un relato con todas sus letras. Estilo, gracia, y gracias. El carisma y la historia de uno de los grandes Cracks del periodismo de deportes, y uno de mis nuevos referentes, ojalá la vida en algún momento nos entregue la mitad de las experiencias de don Luis.

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